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Todos los animales son fantásticos

  • Christian Kent
  • 9 nov 2016
  • 5 Min. de lectura



Siempre que leí, fue trazando caminos: un libro es la puerta del siguiente. Lo hice siempre, lo sigo haciendo, por el goce, o como remedio contra el aburrimiento.


Anduve la senda de las casas encantadas: Walpole, Hoffmann, Bulwer-Lytton, Wilde, O.Henry, Hawthorne. Seguí los pasos del diablo, de los payasos rituales, de los gulacs soviéticos, de las utopías, de los viajes espaciales, del judío errante. Sin ánimos de alcanzar ninguna certeza, lo hice por la aventura de reconocer las pistas y continuar: un poco como héroe de novela policial.


Esta costumbre me llevó a conocer autores que tal vez de otra forma no hubiese conocido. Habrá lectores que se dejan guiar por prejuicios heredados (de la academia, de los círculos), o tal vez por esos libros que deben leerse: los fundamentales, los ineludibles.


Nunca, que yo recuerde me topé con un libro que se diga “necesario”. Sí amé algunos más que otros, sufrí estos y estos otros me fueron indiferentes. Preferí lo fantástico a la objetividad documental, me sentí más cerca de la cómico que de lo solemne, antes que algo serio fue un juego: me escondí de las tareas y los días.


Ahora mismo estoy transitando las páginas de los bestiarios: monstruos, animales, criaturas que desde tiempos remotos son engendrados por la superstición de los pueblos, por los dibujos de los niños y por imaginación de los poetas.


Mientras más perversas, más horribles, más miserables: más se parecen a nosotros. Lo que nos interesa de ellas, de las bestias, es lo que tienen de semejantes: son avaras, lascivas, competitivas, crueles. En la naturaleza del monstruo aparece, exagerada, deformada, la eterna caída del hombre.


Como se recorre las jaulas de un zoológico, sin saber de qué lado de los barrotes está encerrado el prodigio más terrible, les invito a descubrir algunos bestiarios que estuve revisando: anónimos, milenarios, recientes, de reconocidos autores, estos libros tienen en común que -como una segunda arca que regresó a buscar a los olvidados- compendian una interesante lista de leviatanes, deformes y esperpentos.


​​Bestiario Medieval - Editorial Siruela


​Un lúcido y esclarecedor ensayo de Ignacio Malaxecheverría sirve como introducción al “Physiologus” que fue, durante la edad media, un texto insoslayable en las aulas. Los bestiarios, antiguamente, eran obras de carácter “seudocientífico” (Gugluielmi) y moralizante, sobre animales existentes y maravillosos. En esta antología se han obviado los textos moralizantes, prefiriéndose los fragmentos puramente científicos, siendo a veces engorrosamente repetitivo, por el afán de conservarse fiel a los fragmentos originales.


“Los textos de esta antología del Bestiario medieval pretenden ofrecer una imagen de cada animal seleccionado partiendo de distintos fragmentos descriptivos entresacados de bestiarios medievales –sin olvidar las fuentes griegas, latinas y árabes–, así como de las «nuevas» enciclopedias que los viajeros y compiladores del siglo XVI realizaron a

partir de la tradición medieval”.


De Natura Animalium - Claudio Eliano


Se trata de una curiosa colección, en 17 libros, de breves historias sobre naturaleza, seleccionadas algunas para proporcionar lecciones morales alegóricas y otras simplemente por ser sorprendentes:


“El castor es una criatura anfibia: por el día vive escondido en los ríos, pero de noche deambula por la tierra, alimentándose con lo que encuentra. Así comprendemos la razón por la cual los cazadores lo persiguen con tal impaciencia e impetuosidad. Entonces, éste agacha la cabeza y con sus dientes se corta los testículos y los arroja en el camino, como un hombre prudente que, habiendo caído en manos de ladrones, sacrifica todo lo que lleva para salvar su vida y pierde el derecho a sus posesiones por medio del rescate. Si, no obstante, ha salvado ya su vida mediante la autocastración, y vuelve a ser perseguido, entonces éste se pone en pie y revela que no ofrece motivos para la impaciente persecución y libera al cazador de todo esfuerzo adicional puesto que ellos estiman la carne. En ocasiones, sin embargo, los castores con los testículos intactos, después de haber escapado tan lejos como les ha sido posible, han atraído la parte codiciada y con gran habilidad e ingenuidad engañado a sus perseguidores, pretendiendo que ellos ya no poseen lo que guardan oculto”.


​​Bestiario de Indias - Gonzalo Fernández de Oviedo


Se lee en el prólogo de la edición de Fondo de Cultura Económica (no encontré su firma): “Para los ojos de un niño, todos los animales son fantásticos. La pelambre del gato, la amistad del perro, la gallina muerta de la cena y la vaca quieta de las ubres rosas pueden ser tan asombrosas como la furia del unicornio...”


Gonzalo Fernández de Oviedo era un conquistador relatando los hechos al emperador Carlos V, que recoge el testimonio de cientos de animales y aves del “Nuevo Mundo”, que veía por primera vez. Escribe también el prologuista:


“El colibrí (pero él vio un pájaro mosco), los conejos, los zorrillos, el manatí, son objeto de su observación. Como en otros bestiarios (el de Borges o uno muy curioso, las Historias de cronopios y famas, de Cortázar), en éste resulta notable la magia de los seres comunes, magia que les viene del espíritu sorprendido que los observa. De los bestiarios el lector puede sacar una conclusión infantil: hay que tratar a los animales con cuidado, no sea que al tocarlos se nos conviertan en otra cosa”.


​​Manual de Zoología Fantástica - Jorge Luis Borges & Margarita Guerrero


En el Manual de zoología fantástica, Borges recurre a testimonios donde se contienen descripciones mágicas que encarnan en figuras a veces míticas, casi verdaderas en ocasiones, con el afán de integrar un museo excepcional en cuyo recinto lo fantástico adquiere autenticidad a través de experiencias literarias, filosóficas y aun teológicas. Los textos bíblicos, chinos e hindúes, las representaciones de algunos místicos, los escritores medievales o del Renacimiento, y los sueños de poetas y novelistas modernos contribuyen a formar esta serie de animales irreales elegidos y vueltos realidad por su incisiva pluma.


Bestiario - Juan José Arreola


Tomando como punto de partida los bestiarios medievales en los que con espíritu científico se catalogaba y describía la fauna existente (y la legendaria), Arreola nos expone en Bestiario su particular colección de animales que, a través de su visión poética e irónica, también (y sobre todo) le sirve para examinar al ser humano. Para la concepción de este libro, entendido como un todo conceptual, Arreola combinó textos suyos ya publicados y los distribuyó en cuatro partes («Bestiario», «Cantos de mal dolor», «Prosodia» y «Aproximaciones») con el fin de que aparecieran por primera vez con esta distribución en 1972. Bestiario es una pieza de orfebrería de un escritor imposible de encasillar por su originalidad y su diversidad, en la que la concisión de los textos no hace sino aumentar la sorpresa del lector al descubrir un fértil universo de ideas, imágenes y temas, expresado mediante un lenguaje aparentemente sencillo, pero rico en matices sintácticos y sonoros.


El libro de los monstruos - Rodolfo Wilcock


Publicado poco después de su muerte, en 1978, El libro de los monstruos puede leerse como el testamento literario de Wilcock y, al mismo tiempo, como la brillante culminación de una de las obras más singulares de la literatura de este siglo. La insuperable maestría verbal de Wilcock y su sarcasmo luminoso y profético vuelven a deslumbrarnos una vez más en esta guía minuciosa y desopilante, y a la vez despiadada, de un pequeño mundo monstruoso cuya lectura produce una rara felicidad, un vértigo que aumenta junto con la sospecha de que también nosotros hipócritas lectores podríamos llegar a habitarlo algún día.


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